El Castillo de
la Muela, situado en el municipio de Consuegra, dentro de la provincia de
Toledo es uno de los castillos mejor conservados de toda Castilla La Mancha.
Desde sus orígenes en la época del Califato de Córdoba el Castillo fue antaño
lugar de hechos históricos destacables como la Batalla de Consuegra entre las
tropas de Alfonso VI y los invasores almorávides en la que murió Diego
Rodríguez, el único hijo del Cid o la invasión francesa del siglo XIX.
A día de hoy,
el Castillo se conserva en buenas condiciones y sirve de foco turístico para
los visitantes no sólo de España, sino de todo el mundo, recibiendo visitas de
lugares tan lejanos como Japón o Estados Unidos.
El porqué del
nombre del Castillo de La Muela tiene su historia, se llamó Castillo de La
Muela porque su forma estructural es similar a la de una muela extraída. Dentro
podemos contemplar partes nuevas, que han sido adaptadas para las visitas
turísticas, como también partes antiguas como el aljibe o la capilla, lugar
donde se celebraban los actos religiosos hace siglos y ahora se organizan bodas
civiles para todo aquel que quiera contraer matrimonio dentro del Castillo.
El Castillo es
una alcazaba árabe, se construyó como una línea defensiva para defender la
denominada “marca media” situada en el sur de Toledo para mantener a distancia
el ataque de los musulmanes durante la Reconquista.
El Castillo se convierte en el principal icono de la
conmemoración de la batalla de Consuegra del 15 de agosto de 1097. Tan
importante en este evento como lo fue en aquella batalla en la que sirvió de
refugio a Alfonso VI y las tropas cristianas cuando fueron obligados a
retirarse y refugiarse entre sus muros donde permanecieron asediados durante
ocho días.
Iniciamos el recorrido por el Castillo, vemos como
se alzan ante nuestra mirada los muros de piedra que guardan la fortaleza.
Actualmente, el acceso se inicia por el extremo sur-este, aprovechando un
ángulo recto con la muralla exterior. Si has nacido en Consuegra la entrada al
Castillo es gratuita, en caso contrario hay que abonar la cantidad de 8 euros a
la entrada. Vemos que, a modo de seguridad, han añadido cámaras para vigilar a
los visitantes. Imagino que para evitar posibles daños o pérdidas tanto en la
fortaleza como para los visitantes.
Avanzamos hacia la muralla. En dicha muralla, aparecen
tres torreones entre los que destaca uno de ellos por estar destinado a proteger
una pequeña puerta de acceso a la fortificación, normalmente disimulada,
situado en el cubillo central. Esta entrada, perfectamente camuflada, tiene en
su parte superior el hueco de la buhedera, formado el acceso originariamente
todo abovedado hasta la salida a la galería. Este entre dos elevados lienzos
que forman la barbacana, ejecutados a finales del siglo XIII. Al fondo de la
misma, por su lado norte, se encuentra la salida natural al albacar.
Avanzamos hacia la fortaleza. Esta se divide en tres
recintos totalmente diferenciados, aunque todos ellos participan de una idea
básica común: proporcionar una sensación de inexpugnabilidad única, creando una
red compleja de muros, rampas y pendientes que trataban de confundir al
enemigo, intentando impedir el acceso a la única puerta del primer recinto o
fortaleza propiamente dicha, donde se sitúan las estancias principales del
castillo.
Ya dentro de la fortaleza nos encontramos la fábrica
de la fortaleza. Que tiene una fuerte ausencia de detalles decorativos. Esta
ausencia se une a la presencia de grandes torreones de planta semicircular,
unidos a un gran rectángulo en su parte central.
El siguiente recinto que podemos observar es la
estructura amurallada exterior. Dicha estructura está constituida por el
albacar, popularmente conocido por “La Centinela”. Este albacar se extiende por
el norte de la fortaleza. Del antiguo albacar, de ascendencia islámica y
ejecutado en mampostería hoy solo se conserva la zona más alejada del conjunto:
Una amplia muralla de 200 metros de longitud y más de 6 metros de altura. Sus
ángulos fueron reforzados por torreones macizos, de los que se conservan tres
en buen estado a día de hoy. Dentro de sus grandes dimensiones, el albacar
alberga los restos de un aljibe, el cual sigue almacenando una considerable
cantidad de agua.
Acercándonos a la estructura central de la
fortaleza, el lado sur desarrolla un pronunciado espolón, perfeccionamiento
defensivo del Siglo XII y que adquiere en el siglo XII una buena reputación de
cara a reforzar el perfil más vulnerable de estos conjuntos.
El segundo recinto, que protege el núcleo central de
la fortaleza corresponde a la barbacana, potente y elevado lienzo de muralla
que marca y define la complejidad de la zona de acceso al recinto.
Por el lado norte y oeste de la fortaleza se
prolonga la muralla del segundo recinto, adaptándose al terreno y aproximándose
a los torreones de la primera línea defensiva, dificultando el paso con
comodidad. Así continúa hasta encontrarse con el espolón y muros que cerraban
la comunicación, aislando aún más el extremo sur de la fortaleza.
Superadas las rampas actuales de acceso desde la
barbacana, ejecutadas sobre las originales y con una disposición de embudo, nos
encontramos el verdadero núcleo de la fortaleza. Una estructura rectangular
formada por un muro de mampostería, asentada con mortero de cal y arena y un
grosor que como mínimo supera el metro de espesor. Presenta la particularidad
de tener cuatro grandes torres aproximadamente en el centro de cada uno de sus
lados, tres de planta absidial y la cuarta circular.
Los torreones se elevan alineados, presentando una serie
de características comunes como la forma, la composición y la utilización de
materiales. El torreón de los escudos fue el que se construyó en primer lugar,
para proteger fundamentalmente la puerta de acceso que se encontraba en el
centro de la estructura.
El torreón ubicado al norte fue el primero que se
dejó de utilizar. Seguramente en función de las necesidades de estancias que
los habitantes del castillo fueron teniendo. Tiene cara al exterior, de forma
semicircular. Posee dos puertas, la primera que comunica con el patio de acceso
al primer recinto. La otra comunicación del torreón va hacia al oeste de la
fortaleza. Los arcos tienen la misma
altura.
Avanzamos hacia el siguiente torreón, el torreón de
poniente. Dicho torreón tiene dos plantas. La inferior comunica con el torreón
norte a través de un pasadizo a nivel de roco con arquerías de ladrillo. La
parte superior está abierta por tres ventanales y una estructura abovedada.
Por su parte, el torreón sur presenta
características diferentes en la composición arquitectónica con respecto a los
otros torreones. Pero nada realmente destacable.
Dejamos atrás los torreones y nos adentramos en el
verdadero corazón del Castillo de Consuegra. Para ello, hemos que atravesar el
arco del torreón de los escudos ya que es el único acceso al recinto. A su
izquierda se encuentra un muro cubierto por cuatro saeteras que protegen la
entrada, que fue restaurada con un arco de medio punto. El acceso al torreón
tiene unos cinco metros de profundidad y a lo largo de su enorme grosor,
aparecían tres buhederas y los orificios laterales para el cierre del espigón. También
observamos unos jardines de un tamaño adaptado a la zona de la fortaleza, en
los que tienen plantados un número considerable de olivos.
En el fondo del torreón, a una profundidad de dos
metros, se encuentra un suelo de argamasa. Seguramente debajo de él solo haya
tierra, pero los restos de una especie de saetera plantea la duda de una estancia
inferior al nivel alcanzado, que probablemente comunicara con dependencias que
hoy en día se desconocen.
Seguimos hacia una habitación abovedada. Desde aquí,
a través de un pasillo en rampa se accede al resto de dependencias, las cuales
se encuentran flanqueadas por dos puertas, de las que aún se conservan algunas
gorroneras y vanos por donde se introducían los espigones. Si observamos a
nuestra izquierda vemos una larga estancia que se nota restaurada, la cual
conduce a través de una puerta falseada a un amplio aljibe. Al final del
pasillo en rampa, se encuentra otra estancia que en su día también debió ser un
aljibe aunque posteriormente se utilizaría como zona de comunicación con otras
zonas de la fortaleza.
Aproximadamente por el centro del recinto se
asciende a la planta superior del torreón de los escudos y a la sala del
archivo de la Orden Hospitalaria. La sala del archivo estaba cerrada por dos
puertas. La primera, en la parte exterior del muro, daba a una de las plazas
del castillo. La segunda, en el interior, estaba chapada de hierro. Cada puerta
tenía tres llaves custodiadas por altas dignidades sanjuanistas.
Aquí se conservaban los instrumentos de la religión,
las donaciones y privilegios de las encomiendas y las pruebas de los caballeros
y religiosos. En 1665 el archivo se convertiría en una sala de custodia de las
únicas armas que se conservan de esa época en el Castillo, las cuales son siete
alabardas.
Salimos de la sala del archivo a través de una
escalera, la cual nos permite acceder a la ermita. Ermita del siglo XVII que
sustituyó a otra anterior que databa del siglo XIII. Esta ermita tiene forma de
rectángulo, el suelo de madera y, gracias a la restauración, un zócalo de
colores grisáceos.
Posteriormente, avanzamos a la Sala Capitular. Su
planta unía la nave con la capilla mayor, aislada por una reja de hierro, donada
por Don Juan de Austria. Las paredes de la ermita, las cuales eran visualmente
muy sencillas, están tapadas con colgaduras de damasco, terciopelo y seda del
siglo XVIII. Mencionar que las donaciones de Don Juan se vieron recompensadas
en forma de escudos, los
cuales se encuentran integrados en el castillo en forma de sello de piedra.
Finalizada la
visita al Castillo de La Muela recomendamos a todo el mundo disfrutar tanto de
su interior como de su exterior, adornado por los molinos y con unas buenas
vistas a todo el municipio de Consuegra.